miércoles, 26 de junio de 2013

Estracto (sin tiempo)

Alzando el brazo para tocar con la mano. El frágil sentir al estirarse hizo que supiera que nunca alcanzaría su nuca más que con la mirada. Una sala extracorporal no era suficiente para todo lo que guardaba allí dentro, pero me servía para mantenerme en estado de hipnosis. En la curva de las olas, en los remolinos del viento, en los socavones de la tierra, en el reflejo del hielo, en la eterna niebla.

En las horas sin parar.

Los infinitos segundos de esta imagen revelaron una puerta secreta, titánica por su tamaño, gloriosa por su longevidad y venerable por sus mantras y tosidos de óxido. La sala posterior era ilimitada: sin techo ni pared, solo se percibía una luz ténue omnipresente y en la distancia una figura sentada, venerable, solemne, bella, preciosa, idéntica a la que anteriormente me aproximaba, pero en carne y hueso. Y era. No vacilamos ni yo ni las raíces que serpentearon en dirección a sus pies.

 Lo supe por el olor.

 "¿Acaso crees que me podía olvidar de ti? -mascuyó delicada y claramente, como con intención de calentar sus palabras lo suficiente como para poder derretir la capa rocosa que cubría mis dedos. "Sabes bien que sin tiempo el espacio solo es y nada más."

Atónito ante su timbre, solo pude responder: "La primavera ha seguido sin tu presencia."

"No, la primavera soy yo; está en mis ojos, mi cabello, mi voz... ¿no lo recuerdas? Cúanto tiempo has dormido... y yo aquí, esperando a saber algo de ti. Te he buscado, te he necesitado... pero ya no hay tiempo para mi, y solo nos quedan los recuerdos. No tengo razón de ser, y mi yo será ahora tuyo..."

No existen palabras para explicar que sentí cuando hubo terminado sus pasos y se desplomó encima de mi, por primera y última vez. "Para que los sueños de todos se cumplan, para volver al sueño en el que se basó esta realidad... prométemelo, cuida de ella".

Desapareció entre el humo, entre su olor, entre mis brazos y dejó para el mundo entero una flor que brotaba de mi pecho.


Estracto de Femme Fatale

miércoles, 15 de mayo de 2013

Ojos que no ven corazón que no siente

El armageddon llegó y Dios exhalando una bocanada de aire barrió la faz de la Tierra. Maltrechos cuerpos se irguieron y retorciéndose arrastrados treparon por la montaña. Iban a morir, nada les quedaba ya más que la nieve esperando que su pureza dejase algún resto de ellos, divina misericordia vestida de blanco. Entumecidos y pálidos, cayeron muertos y fueron engullidos velozmente por la ventisca voraz. Sin embargo, Dios todopoderoso y benévolo mostró a un retoño de carne sin brazos la salvación, la divina resurrección. Se tiñeron sus cicatrices de nuevos tejidos, brotaron nuevos miembros de su cuerpo y el calor se hizo en su sangre. Más fue así que para que este hijo suyo no volviese a sufrir de tal forma, le arrebató la visión para no tener que ver a otro querido morir. La presencia del Señor desapareció y quedo un feto maduro y viejo tumbado en una enorme cama de sábanas glaciares.

La vida de aquel hombre se desconoce. ¿Acaso pudo convertir la tierra de la que fue engendrado en nieve? ¿Sería muerto en un páramo de procedencia innombrable y desconocida? Nadie lo sabe, pues nadie queda ya.

domingo, 12 de mayo de 2013

Uroboros (II)

Cuando estoy, a veces, me encantaría desaparecer. Cuando desaparezco, siempre, me gustaría aparecer. No puedo estar solo, no quiero estar solo. Lo intento y lo dejo de intentar. Nunca, nunca digas nunca.

Se lleva en la sangre. Necesito verlo.

sábado, 20 de abril de 2013

Diario de 11 horas

He intentado hacer varias reflexiones sobre lo que siento. Personalmente, encuentro ser una persona sumamente sentida como un posible problema para entenderme y hacerme entender, conmigo y el resto del mundo. Lo es así porque carezco de ese pistoletazo que llega al coco y dice "quieto parado", de manera que pueda tranquilizarme y pensar las cosas detenidamente, con sus consecuencias y el sosiego que se merece. Yo no tengo de eso, yo solo siento las cosas y lo hago muy intensamente, tanto que no sé cómo pararlas. Ahí lanzo una duda: ¿Por qué pararlas si es lo que siento? ¿Si soy así que puedo hacer? Más que preguntarlo de esta forma, habría que atender a los impulsos (y no razones) que me hacen darle vueltas al coco. La respuesta se llama "mazazo de empatía por el culo", de manera que por culpa de un enfado, una reacción visceral de mi mismo y para mi mismo, acaba resultando como un problema para los demás que me duele tanto o más que seguramente a la persona que he podido envolver un mal rato. Y es inevitable (debería tatuármelo en la frente) hacer daño, pero mi cuerpo entero sigue echando gasolina y se calienta más de una sed inagotable de arrepentimiento. De verdad no puedo entender porque tengo tanto miedo a hacerle daño a los demás, aunque se me ocurre que seguramente sea por la combinación de malas experiencias en la vida. En concreto dos: no saber controlar esa masa que soy yo, con sus garras y dientes, y que mucha gente que he querido se ha ido, me ha abandonado o lo que fuera que ocurriese para que ya no estén. Porque no soy solo un monstruo, sé que tengo un gran corazón y paro de lanzarme rosas para referirme a que esa intensidad se debe a que mi órgano fluye la sangre y las emociones de mi cuerpo a unos niveles que muchos otros no podrían. Qué le voy a hacer, soy un pelín animal de más. Y en el otro lado me acuerdo mucho de esas personas que tanto me aportaron: bien, mal y, en definitiva, lo que ellos eran para serlo en mi. 

La cosa se pone interesante: creo que mi brutal empatía se debe a mi propia facultad natural de captar la esencia de las emociones (la objetiva y no la que yo quiero), de sentirlas y aprender a apreciarlas por lo que son y a utilizarlas como parte del rompecabezas que soy (nunca mejor dicho).

Y he ahí, lo que yo llamo, mi amor, mi agonia, mi problema: soy un humano sentimental, uno de los que más respecto a lo que he podido conocer hasta ahora. Mi odio y mi amor rebalsan los vasos, se derraman y no caben en mí. En parte porque me siento un contenedor vacío que puede llenarse de vivencias y sensaciones, en parte porque lo poco que sabe pronunciar bien mi querido amigo cerebro son los conceptos de sentir y el equilibrio en las cosas. Pero joder, ¡si soy ese contenedor! tengo un cuerpo pequeño y un gran interior que rellenar, pero también materia y además muy viva. Seré un coño para puteros (me he llegado a sentir así infinitamente) pero tengo mi dignidad.

He de decir "Lo acepto, soy un ser visceral. Alguien que solo acepta en la vida que el sentido de la propia misma es sentir. No tengo en mis propiedades vivir para sobrevivir (solo el miedo de mis pensamientos), a mi con todo o nada. Por suerte tengo un cerebro, que quizá de poco me sirva, quizá no me ayude a salvarme de nada pero joder, puede ayudarme de alguna manera". 

De momento, solo se me ha ocurrido que del esperpento que surja de la fusión de masa gris con fibras de fuego nazca un demonio. Y ES ESTE MI MAL, ESTE SOY YO. Solo necesito aprender, ayudarme de mi pobre raciocinio a tallar por dentro que palabras son permitidas dentro de este ánfora que oculta en su interior este remolino bello de pura vida, emoción carnal. Me encuentro a mi mismo en el reflejo del fondo y no puedo evitar zambullirme en la perdición que retuerce mi cara. Así surgen los seres invencibles.

(I)

viernes, 19 de abril de 2013

El sueño de los oradores necesita ser soñado. el día que despierten...

Suenan silbidos lejanos, corren prestos sueños en busca de un hogar y ser amados. Algún día las olas dejarán de romper en las rocas y el Sol no se pondrá nunca más. Para entonces estaré esperando allí, en lo alto, observando desde las cumbres con aquellos de los que me prometí rodear. La vida fue una invención de un cuento de seres fabulosos, un cuento de la búsqueda del amor de un personaje por si mismo que solo pudo acabar de dos maneras: desterrado o en el acantilado. Y creo ser optimista por creer que el naranja y el azul, el saludo del alba que manda recuerdos lejanos de otros que ya contaron lo suyo, gritan como niños para que no nos olvidemos de aquellos que besamos y abrazamos. Durante ese tiempo, cuando el retoño sea fuerte y sonría a la puesta será su momento, y por fin el polen se alzará en vuelo en un viaje sin fin en búsqueda de... lo ya dicho, amar. Han llegado cartas del Rey y promete sonreír a su hijo, abrazos de papel y fuego que nada tienen que contar porque nada puede oír ya. Pero promete que si abres tus alas y no dejas nada aquí que te cargue: tu vida, tu muerte, los recuerdos, tus amigos, tus amores, tu sed de calmar la agonía... todo lo que has sentido, lo que has querido y lo has perdido o dejado marchar, en su próxima fantasía serás recibido con los brazos abiertos. Las musas nunca han dejado de bailar, de cantar, de colorear, de brillar... En fin, solo tú sabes lo que has vivido y espero que así sea... que te vaya todo muy bien y que sigas haciendo huella y trazando surcos en el aire, mi alma.

viernes, 12 de abril de 2013

Siento las manos de miles trepando por mi garganta, sacudiendo hasta el ultimo tramo de mis entrañas. Nace una flor en mi inesperada, brota del bruno rezumo horas de vida irisada que como una bestia devasta el fuego y las ahoga en llamas. Si supiera hablar como mis ancestros, habría tiempo -es lo que busco- para extinguir este incendio que construyen en mitad de mi edén hordas de esqueletos y levantan humaredas hacia el cielo. "¡Clama infierno!" castañean filas de oscuro tuétano. No soy mas que piel, carne y hueso, una marioneta que desde su nuca puede ver a una persona extraña, desconocida para sí misma y reclama que no hay en la Tierra para él consuelo más que el de una vida calma y cálida. "¡Una vida de mentiras!", se levanta un espectro envuelto en túnicas de sangre y negro. "El tiempo soy, recolector de tus lamentos y dispongo en ti cura de esos mudos pensamientos. Guardo la panacea humana en el interior de mi pecho. ¡Tómala si te atreves, usa mi guadaña y sega esos amargos sentimientos! ¡figura de barro, tiesto que hospeda al infinito jardín en un ridículo recoveco, he te ahí sin miedo!". Mi cuerpo alzo sus manos y entre filas de costillas se zambullía en la luz que deshacía mis dedos. Aquella imagen macabra reconfortaba mi alma, en mi cabeza crecía la flora y mis piernas eran gruesas raíces que en el piso arraigaban. Crecían por doquier pequeños ramos de cerezos, hojas de todos los colores a una con el concierto del vendaval que allí soplaba, un concierto de foresta, un deshumanizado cimiento. Me dispuse a crecer pimpollos de almendro, bellas plantas que en primavera se nievan por el suelo et voilà, enormes parasoles rosados habían cubierto mis brazos nuevos, abejas, mariposas y otros insectos encontraron vida donde una vez no hubo más que desierto. La fuerza de la vida extasiaba, todopoderoso me nombraba de infinitos momentos, clavo ardiente del averno, Sol y no luciérnaga, abrazé titánicamente el terreno y como si de un abrazo de un niño a su madre se tratara, amor eterno por la vida y verdadero, estrujaba con fuerza y muerte a la arcilla que en mis pies se soterraba, hasta que no pudo más y zas, mi tronco caía lentamente delante de una casa incendiada a la que poco le importaba. No hay mucho más que contar, explosiones y destellos, no guardaba más que inútiles recuerdos que regurgitaban mi desprecio, y en mi último aliento, el oscuro y umbrío viento, la parca escribió con punta afilada en mis vertebras: "La muerte guarda aquí un desdichado compañero que entre atisbos de ensueño se perdió en la infame imaginación de los seres etéreos. No queda nada para él pues no repartió nada bueno, felicidad buscaba y otorgaba siniestro flagelo a aquellos que hacían sonar el reloj, merecido sea pues el suyo quieto. Vivir la vida no es cuestión de dolor, no es respuesta y nadie puede saberlo. Mártir de la búsqueda, infame cobarde del placebo, reside aquí para siempre con tu hogar de escombro, cenizas y tu cadáver de veneno."