He intentado hacer varias reflexiones sobre lo que siento. Personalmente, encuentro ser una persona sumamente sentida como un posible problema para entenderme y hacerme entender, conmigo y el resto del mundo. Lo es así porque carezco de ese pistoletazo que llega al coco y dice "quieto parado", de manera que pueda tranquilizarme y pensar las cosas detenidamente, con sus consecuencias y el sosiego que se merece. Yo no tengo de eso, yo solo siento las cosas y lo hago muy intensamente, tanto que no sé cómo pararlas. Ahí lanzo una duda: ¿Por qué pararlas si es lo que siento? ¿Si soy así que puedo hacer? Más que preguntarlo de esta forma, habría que atender a los impulsos (y no razones) que me hacen darle vueltas al coco. La respuesta se llama "mazazo de empatía por el culo", de manera que por culpa de un enfado, una reacción visceral de mi mismo y para mi mismo, acaba resultando como un problema para los demás que me duele tanto o más que seguramente a la persona que he podido envolver un mal rato. Y es inevitable (debería tatuármelo en la frente) hacer daño, pero mi cuerpo entero sigue echando gasolina y se calienta más de una sed inagotable de arrepentimiento. De verdad no puedo entender porque tengo tanto miedo a hacerle daño a los demás, aunque se me ocurre que seguramente sea por la combinación de malas experiencias en la vida. En concreto dos: no saber controlar esa masa que soy yo, con sus garras y dientes, y que mucha gente que he querido se ha ido, me ha abandonado o lo que fuera que ocurriese para que ya no estén. Porque no soy solo un monstruo, sé que tengo un gran corazón y paro de lanzarme rosas para referirme a que esa intensidad se debe a que mi órgano fluye la sangre y las emociones de mi cuerpo a unos niveles que muchos otros no podrían. Qué le voy a hacer, soy un pelín animal de más. Y en el otro lado me acuerdo mucho de esas personas que tanto me aportaron: bien, mal y, en definitiva, lo que ellos eran para serlo en mi.
La cosa se pone interesante: creo que mi brutal empatía se debe a mi propia facultad natural de captar la esencia de las emociones (la objetiva y no la que yo quiero), de sentirlas y aprender a apreciarlas por lo que son y a utilizarlas como parte del rompecabezas que soy (nunca mejor dicho).
Y he ahí, lo que yo llamo, mi amor, mi agonia, mi problema: soy un humano sentimental, uno de los que más respecto a lo que he podido conocer hasta ahora. Mi odio y mi amor rebalsan los vasos, se derraman y no caben en mí. En parte porque me siento un contenedor vacío que puede llenarse de vivencias y sensaciones, en parte porque lo poco que sabe pronunciar bien mi querido amigo cerebro son los conceptos de sentir y el equilibrio en las cosas. Pero joder, ¡si soy ese contenedor! tengo un cuerpo pequeño y un gran interior que rellenar, pero también materia y además muy viva. Seré un coño para puteros (me he llegado a sentir así infinitamente) pero tengo mi dignidad.
He de decir "Lo acepto, soy un ser visceral. Alguien que solo acepta en la vida que el sentido de la propia misma es sentir. No tengo en mis propiedades vivir para sobrevivir (solo el miedo de mis pensamientos), a mi con todo o nada. Por suerte tengo un cerebro, que quizá de poco me sirva, quizá no me ayude a salvarme de nada pero joder, puede ayudarme de alguna manera".
De momento, solo se me ha ocurrido que del esperpento que surja de la fusión de masa gris con fibras de fuego nazca un demonio. Y ES ESTE MI MAL, ESTE SOY YO. Solo necesito aprender, ayudarme de mi pobre raciocinio a tallar por dentro que palabras son permitidas dentro de este ánfora que oculta en su interior este remolino bello de pura vida, emoción carnal. Me encuentro a mi mismo en el reflejo del fondo y no puedo evitar zambullirme en la perdición que retuerce mi cara. Así surgen los seres invencibles.
(I)