lunes, 21 de mayo de 2012

No importa que hayáis apagado el fuego de las velas
si en vuestro interior habéis encendido la vela de la verdad,
pues no hay ya medianoche que brinde de ignorante,
ni queda escondite para las tinieblas,
ni santuario para la inocencia.

Huid, corred, escapad si queréis,
no hay escaleras más largas que vuestras sombras
dispuestas a devorar lo que pretendéis ser
y dejar los restos, relucientes,
bajo esas mantas de piel y carne:
el diablo en los huesos.

Antes de que vuestro inevitable destino,
clarividentes iluminados,
os sumerja en las raíces de la locura,
os arrincone en la habitación de la totalidad
y os brinde la llave arcana
a la puerta de la luz,
recordad que en un tiempo fuisteis macabros, impuros y oscuros.

¡Recibid, oh mis discípulos,
el regalo divino,
la omnipotente sapiencia!
Navegad a mi vera,
bebed de las cuencas de mis ojos, el día ha llegado.
Yo os liberaré de las cadenas
para que andéis libres por el mundo, legado mío.

¡El señor del Sol y la Luz ha regresado!