Cuando veo todos esos colores, siento todas esas voces, me iluminan todas esas risas distorsionadas y llega, por fin, el momento de agarrar, de tirar y de saltar en este mundo etéreo, dejaría mi nombre atrás, todo lo que tengo, perderme en el tiempo y en el espacio, abandonar mi identidad, mi dolor y mis mentiras, todo... para sentir, anhelar y descubrir que todo lo que me rodea es solo un reflejo de nada imaginado por nadie, y saber que todo lo que es tuyo me pertenece, y que nunca seré nada sin nadie que me haya acariciado una mirada de sentimiento, aunque me haya dejado el escalofrío detrás del oído observándole de espaldas.
Desearía tener algún día el valor necesario o que llamase a mí el impulso de esta fuerza que habita en mi interior dormida, para que una mañana, entre las sombras de las hojas, la luz blanca y las sábanas cálidas de mi cama, pudiese salir corriendo a la calle y dirigirme hacia ese cuarto de aquella casa, el lugar dónde me dijiste que por última vez habitarías en lo que tú un día decidiste tachar de mentira, de irrealidad, para afrontar con mi propio ser el último par de pasos hacia la puerta dónde todo cambiaría, dónde tantas y tan pocas personas formaron los primeros engranajes de nuestra raza en formar parte de lo que llamamos devenir, destino, voluntad inquebrantable del universo, vida, belleza, sueños...
Yo, por mi parte, mientras viva en tu sombra, la misma que la de aquel edificio, jamás dejaré de gritar y de crepitar el aspecto y forma de piel, para ser el puente que una nuestros mundos.
Imagina
Anigami
Hasta nunca, sé que todo saldrá bien.
domingo, 20 de noviembre de 2011
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