miércoles, 15 de mayo de 2013

Ojos que no ven corazón que no siente

El armageddon llegó y Dios exhalando una bocanada de aire barrió la faz de la Tierra. Maltrechos cuerpos se irguieron y retorciéndose arrastrados treparon por la montaña. Iban a morir, nada les quedaba ya más que la nieve esperando que su pureza dejase algún resto de ellos, divina misericordia vestida de blanco. Entumecidos y pálidos, cayeron muertos y fueron engullidos velozmente por la ventisca voraz. Sin embargo, Dios todopoderoso y benévolo mostró a un retoño de carne sin brazos la salvación, la divina resurrección. Se tiñeron sus cicatrices de nuevos tejidos, brotaron nuevos miembros de su cuerpo y el calor se hizo en su sangre. Más fue así que para que este hijo suyo no volviese a sufrir de tal forma, le arrebató la visión para no tener que ver a otro querido morir. La presencia del Señor desapareció y quedo un feto maduro y viejo tumbado en una enorme cama de sábanas glaciares.

La vida de aquel hombre se desconoce. ¿Acaso pudo convertir la tierra de la que fue engendrado en nieve? ¿Sería muerto en un páramo de procedencia innombrable y desconocida? Nadie lo sabe, pues nadie queda ya.

domingo, 12 de mayo de 2013

Uroboros (II)

Cuando estoy, a veces, me encantaría desaparecer. Cuando desaparezco, siempre, me gustaría aparecer. No puedo estar solo, no quiero estar solo. Lo intento y lo dejo de intentar. Nunca, nunca digas nunca.

Se lleva en la sangre. Necesito verlo.