Qué necio puedo llegar a ser. En mi casa no entra el día, es una noche donde suenan, o quizá debería decir sueñan, pilotos automáticos y parpadean luces durante meses y años. Como una cueva que guarda su significado, en mi caso es un refugio que me conecta con el mundo exterior de alguna forma, una tumba con periscopio para ser exactos. No hay ruido ni silencio, pero tampoco luz ni oscuridad. No hay nada que me haga sentir el añoro de correr hacia el exterior para que el viento impacte contra mi cara. Y es que quizá, si existe algún motivo que pueda empujarme a ello, aún no lo sé, sea yo mismo. Yo, que agonizo porque enfermo con mis sueños de cristal, que vivo mis fantasías en un cubículo de mentira, que el mundo real no me importa y no puedo darle valor al madrugar del día, al cielo azul, el mismo que existirá dentro de miles de años cuando no quede nada de nosotros. Es una oda a mi propio traspiés, un baile que danza consigo mismo inútilmente con la voracidad más absoluta tiniebla de mi mente. Dónde solamente llego yo y nadie más que yo, solo yo. Soy miedo, soy mi propia muerte, aunque alguien me dice que también soy mi propia llave, la que abre la puerta hacia el mundo real. En mis ojos, entre todos esos parpadeos digitales de mis catacumbas, he visto una luz brillar detrás de ese marrón oscuro casi negro. Me mantiene vivo saber que esa voz me diga que al final no soy tan insignificante, que decida lo que decida serviré para la vida, porque soy, y seré, la tierra que sirve a las flores con sus coronas de colores, como la Luna sirve al Sol con sus vaivenes circulares aparentemente patéticos, pero en en el fondo significantes. Gemelos como la fantasía y la realidad, este teclado y mis manos, la noche y el día, la tierra y el aire, hijos y madres separados por nuestras diferencias e igual de sentimentales. Si es que solo servimos para eso... para sentir.
¿Qué me estaré perdiendo? Hoy han llamado al timbre de mi puerta y no había nadie. Quizá... debiera salir a la calle para encontrarlo. Ese instante que todo lo cambie.
jueves, 31 de enero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
Niño-león
Me pongo nervioso porque me importa. ¿Que de qué manera es importante? La respuesta está en lo que hago, no en lo que digo.Y aunque la cague, aunque vaya de aquí a allí y te agarre de la mano sin pensar en ti es porque estoy perdido entre toda esta gente y no encuentro una respuesta. Y siempre llega tarde, delante del espejo. Solo tenía que mirarla y comprenderla, pero te suelto y lo quiebro en mil pedazos. Lo he hecho mal, cariño, solo tenía que pedirte un beso y te he roto la mano, por no pensar en mí he vuelto a cagarla. Y por salvarme de mi mismo tengo que sacarte de aquí. Que corra la sangre por mis nudillos destrozados, que se derrumben estas cuatro paredes. Estaba contigo en tu cama, te tenía entre mis sábanas y sabes que es lo único que quería... pero ya no lo sabes, ¿verdad? Eso es lo que me importa y te he pisado contra el suelo. Sí, quiero un beso, sí, quiero terminar con esto.
viernes, 18 de enero de 2013
Es imposible
¿Cómo decirle a quién quieres que hay una parte de ti, de tu interior, que está perdida para siempre? No sabía donde estaba, nadie vino a buscarla. Luchó, creció, sobrevivió y se dio cuenta de que era él mismo, al final, lo único que necesitaba para vivir. Y entre tanta tiniebla, al final, apareció un rayo de luz, su hermano gemelo, que vino a rescatarle de las sombras que lo envolvían. Se produjo el anhelado choque de miradas y, atravesando su alma, le confesó "Hermano, no deseo ser salvado, no deseo volver. La pureza de la oscuridad es mi auténtico yo, el destino que me aguardaba era este y ahora cobra más sentido que nunca. Hermano, te amo y lo sabes, lo sabías también como yo y al mirarme ves que la bestia que reside en mi interior te acepta también por lo que siento yo hacia ti, pero no permitirá que des un paso más en mi camino." Ahí el hombre aceptó su condición, su dualismo y en tanto en cuanto se sintió tan lleno, consiguió transformar lo imposible, los sueños, en la tangible realidad. Ambos juraron al silencio que en ese momento todo podría ocurrir y todo cobraba sentido. Segundos más tarde, dieron media vuelta y jamás volvieron a encontrarse, hasta que, años más tarde, murieron simultáneamente y sonaron campanas en el cielo y en la tierra. Al funeral no asistió nadie.El agua no recogió ningún muerto, el fuego no quemó sus cuerpos, la tierra no se tragó sus cadáveres, el viento no se llevó sus restos ni el trueno separó sus átomos. No quedó nada, quizá porque realmente nunca llegaron a existir.
¿Cómo decírtelo, hermana? ¿cómo decírtelo, mamá? ¿cómo decíroslo? Si realmente nací para conocer a Nacho y a Hugo era porque sabía que si cumplía mi destino ellos estarían allí, lejos, para esperarme, para seguir amándome.
Asesinos de carne joven, asesinos.
miércoles, 16 de enero de 2013
Pero ya de ya
Tengo que ponerme las pilas con el entrenamiento... cómo era...
La tierra. Mi amada tierra, da vida a la vida. Nunca ha vivido, nunca ha muerto, descansa eternamente. La sabiduría emana y reside dentro de ella. Y en ella existen todos los colores.
El fuego. El peligro, la potencia y el descontrol. Energía pura, la energía a-dorada por los humanos. Con un poco de fuego se pueden hacer demasiadas cosas. Imperecedero.
El agua. Del mar, de la lluvia, hielo, nieve... Transparencia, el alma en sí. El continuo cambio, presente en toda forma de vida. Mi cuna y mi residencia la mayor parte del tiempo. Yo, supongo.
El aire. Lo único que necesitamos para vivir. Envolvente, alentador, adrenalínico. La alegría, el motivo de la vida. Se llevará lo que necesite, traerá lo que buscas o lo que no creas necesario.
El rayo. El zigzagueo que recorre los músculos, el impulso. La autoconciencia, la conexión. El instante y la duda. Intensidad inmensurable. Qué decir, la chispa... el tiempo.
Tío, todo al mismo tiempo... me parece imposible, pero que no se diga. Joder, qué vago soy. Todo saldrá bien o eso espero T_T
asdlfkjda
Exponerme. Nadar y bucear. Puertas y llaves. Palmera. En lo más profundo, latencia. Potencia. Cristal. Ecos... y olas de luz. Protones, neutrones y electrones.
martes, 15 de enero de 2013
Primera parte
Nadie sabe dónde, nadie sabe cuándo ocurrió el relato que describiré a continuación. Cuándo el hombre ya había cortado la hiedra enredad en sus pies, existió en algún lugar entre la maleza de cualquier bosque que podáis imaginar una madriguera inadvertida para el ojo humano, cubierta por una corona de malas hierbas como súbditas que la proclamaban la Reina Olvidada. Su diámetro no era lo que digamos pequeño; una zorra despistada, un osezno juguetón y hasta un lobito encantador podían ser el humilde banquete de este lunar de la tripa del bosque. Quien lo advertía y rodeaba, aseguraba como quedaba hipnotizado por la perfección circular de la muesca y contemplaba borbotear la lava azabache de este cráter sin fondo que absorbía la luz. Las voces del bosque rebotaron en todos los lechos y esquinas y convergieron en las distintas especulaciones de una leyenda entorno al contorno de este pozo negro. Las criaturas juraban haber visto como un demonio había violado a la tierra y su engendro dejó aquella cicatriz como prueba de su existencia. Por su parte, los espíritus aplaudían la idea de que un Antiguo venido de los cielos había escarbado en la corteza esta forma para poder descansar en las catacumbas hasta el día del juicio final. Los animales, más campechanos, opinaban que era mejor no acercarse porque no fuera a ser que en caso de que una serpe tremebunda y traicionera ocupara su interior fuese lo suficientemente grande como para que nunca tuviese su apetito saciado debido al tamaño de su estómago. Por desgracia, para los hombres, cerrados de mente y carentes de instintos, tales rumores no llegaron a sus oídos al olvidar el lenguaje de la naturaleza. Esta es la historia de un hombre que cayó en el abismo y trepó por las ramas de su ser para aprender, demasiado tarde, el secreto de aquel remoto paraje.
miércoles, 9 de enero de 2013
Desaparezco
Podría morir y en muy poco tiempo la hierba volvería a tapar mis huellas. La sensación de tiempo es jodidamente intensa, la humanidad desaparecería y la naturaleza volvería a reinar con desfiles de flores todos los días a las trompetas del silencio. Tiempo es todo cuanto necesito... y yo. Cuánto queda de mí es poco, siempre vuelvo a la tierra para resurgir de mis cenizas y encontrarme con mi némesis eterno: la voz humana, la piel y la carne, el antinatura, el odio y el amor.
Esta vez no andaré muy lejos de donde el viento sea capaz de dejarme. Seré una diminuta espora para dividirme y dividirme... crearé un fruto sin flor.
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