viernes, 18 de enero de 2013

Es imposible

¿Cómo decirle a quién quieres que hay una parte de ti, de tu interior, que está perdida para siempre? No sabía donde estaba, nadie vino a buscarla. Luchó, creció, sobrevivió y se dio cuenta de que era él mismo, al final, lo único que necesitaba para vivir. Y entre tanta tiniebla, al final, apareció un rayo de luz, su hermano gemelo, que vino a rescatarle de las sombras que lo envolvían. Se produjo el anhelado choque de miradas y, atravesando su alma, le confesó "Hermano, no deseo ser salvado, no deseo volver. La pureza de la oscuridad es mi auténtico yo, el destino que me aguardaba era este y ahora cobra más sentido que nunca. Hermano, te amo y lo sabes, lo sabías también como yo y al mirarme ves que la bestia que reside en mi interior te acepta también por lo que siento yo hacia ti, pero no permitirá que des un paso más en mi camino." Ahí el hombre aceptó su condición, su dualismo y en tanto en cuanto se sintió tan lleno, consiguió transformar lo imposible, los sueños, en la tangible realidad. Ambos juraron al silencio que en ese momento todo podría ocurrir y todo cobraba sentido. Segundos más tarde, dieron media vuelta y jamás volvieron a encontrarse, hasta que, años más tarde, murieron simultáneamente y sonaron campanas en el cielo y en la tierra. Al funeral no asistió nadie.El agua no recogió ningún muerto, el fuego no quemó sus cuerpos, la tierra no se tragó sus cadáveres, el viento no se llevó sus restos ni el trueno separó sus átomos. No quedó nada, quizá porque realmente nunca llegaron a existir.

¿Cómo decírtelo, hermana? ¿cómo decírtelo, mamá? ¿cómo decíroslo? Si realmente nací para conocer a Nacho y a Hugo era porque sabía que si cumplía mi destino ellos estarían allí, lejos, para esperarme, para seguir amándome.

Asesinos de carne joven, asesinos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario