Lo conozco, claro que lo conozco. Es la voluntad de levantarte cada mañana, es la alegría de reír con los amigos, es la convicción de superar tus metas, es la satisfacción de sentir casa cosa con el ser, es encontrar y perder el sentido del camino en los quehaceres de la vida.
Y te había olvidado.
Gracias.
domingo, 30 de junio de 2013
No sé
Me muevo a oscuras, y creo que me estoy acercando a un lugar conocido. Alguien me aguarda allí, aquel que me conduce. Aquel que un día reía por todo.
miércoles, 26 de junio de 2013
Estracto (sin tiempo)
Alzando el brazo para tocar con la mano. El frágil sentir al estirarse hizo que supiera que nunca alcanzaría su nuca más que con la mirada. Una sala extracorporal no era suficiente para todo lo que guardaba allí dentro, pero me servía para mantenerme en estado de hipnosis. En la curva de las olas, en los remolinos del viento, en los socavones de la tierra, en el reflejo del hielo, en la eterna niebla.
En las horas sin parar.
Los infinitos segundos de esta imagen revelaron una puerta secreta, titánica por su tamaño, gloriosa por su longevidad y venerable por sus mantras y tosidos de óxido. La sala posterior era ilimitada: sin techo ni pared, solo se percibía una luz ténue omnipresente y en la distancia una figura sentada, venerable, solemne, bella, preciosa, idéntica a la que anteriormente me aproximaba, pero en carne y hueso. Y era. No vacilamos ni yo ni las raíces que serpentearon en dirección a sus pies.
Lo supe por el olor.
"¿Acaso crees que me podía olvidar de ti? -mascuyó delicada y claramente, como con intención de calentar sus palabras lo suficiente como para poder derretir la capa rocosa que cubría mis dedos. "Sabes bien que sin tiempo el espacio solo es y nada más."
Atónito ante su timbre, solo pude responder: "La primavera ha seguido sin tu presencia."
"No, la primavera soy yo; está en mis ojos, mi cabello, mi voz... ¿no lo recuerdas? Cúanto tiempo has dormido... y yo aquí, esperando a saber algo de ti. Te he buscado, te he necesitado... pero ya no hay tiempo para mi, y solo nos quedan los recuerdos. No tengo razón de ser, y mi yo será ahora tuyo..."
No existen palabras para explicar que sentí cuando hubo terminado sus pasos y se desplomó encima de mi, por primera y última vez. "Para que los sueños de todos se cumplan, para volver al sueño en el que se basó esta realidad... prométemelo, cuida de ella".
Desapareció entre el humo, entre su olor, entre mis brazos y dejó para el mundo entero una flor que brotaba de mi pecho.
Estracto de Femme Fatale
En las horas sin parar.
Los infinitos segundos de esta imagen revelaron una puerta secreta, titánica por su tamaño, gloriosa por su longevidad y venerable por sus mantras y tosidos de óxido. La sala posterior era ilimitada: sin techo ni pared, solo se percibía una luz ténue omnipresente y en la distancia una figura sentada, venerable, solemne, bella, preciosa, idéntica a la que anteriormente me aproximaba, pero en carne y hueso. Y era. No vacilamos ni yo ni las raíces que serpentearon en dirección a sus pies.
Lo supe por el olor.
"¿Acaso crees que me podía olvidar de ti? -mascuyó delicada y claramente, como con intención de calentar sus palabras lo suficiente como para poder derretir la capa rocosa que cubría mis dedos. "Sabes bien que sin tiempo el espacio solo es y nada más."
Atónito ante su timbre, solo pude responder: "La primavera ha seguido sin tu presencia."
"No, la primavera soy yo; está en mis ojos, mi cabello, mi voz... ¿no lo recuerdas? Cúanto tiempo has dormido... y yo aquí, esperando a saber algo de ti. Te he buscado, te he necesitado... pero ya no hay tiempo para mi, y solo nos quedan los recuerdos. No tengo razón de ser, y mi yo será ahora tuyo..."
No existen palabras para explicar que sentí cuando hubo terminado sus pasos y se desplomó encima de mi, por primera y última vez. "Para que los sueños de todos se cumplan, para volver al sueño en el que se basó esta realidad... prométemelo, cuida de ella".
Desapareció entre el humo, entre su olor, entre mis brazos y dejó para el mundo entero una flor que brotaba de mi pecho.
Estracto de Femme Fatale
miércoles, 15 de mayo de 2013
Ojos que no ven corazón que no siente
El armageddon llegó y Dios exhalando una bocanada de aire barrió la faz de la Tierra. Maltrechos cuerpos se irguieron y retorciéndose arrastrados treparon por la montaña. Iban a morir, nada les quedaba ya más que la nieve esperando que su pureza dejase algún resto de ellos, divina misericordia vestida de blanco. Entumecidos y pálidos, cayeron muertos y fueron engullidos velozmente por la ventisca voraz. Sin embargo, Dios todopoderoso y benévolo mostró a un retoño de carne sin brazos la salvación, la divina resurrección. Se tiñeron sus cicatrices de nuevos tejidos, brotaron nuevos miembros de su cuerpo y el calor se hizo en su sangre. Más fue así que para que este hijo suyo no volviese a sufrir de tal forma, le arrebató la visión para no tener que ver a otro querido morir. La presencia del Señor desapareció y quedo un feto maduro y viejo tumbado en una enorme cama de sábanas glaciares.
La vida de aquel hombre se desconoce. ¿Acaso pudo convertir la tierra de la que fue engendrado en nieve? ¿Sería muerto en un páramo de procedencia innombrable y desconocida? Nadie lo sabe, pues nadie queda ya.
La vida de aquel hombre se desconoce. ¿Acaso pudo convertir la tierra de la que fue engendrado en nieve? ¿Sería muerto en un páramo de procedencia innombrable y desconocida? Nadie lo sabe, pues nadie queda ya.
domingo, 12 de mayo de 2013
Uroboros (II)
Cuando estoy, a veces, me encantaría desaparecer. Cuando desaparezco, siempre, me gustaría aparecer. No puedo estar solo, no quiero estar solo. Lo intento y lo dejo de intentar. Nunca, nunca digas nunca.
Se lleva en la sangre. Necesito verlo.
Se lleva en la sangre. Necesito verlo.
lunes, 22 de abril de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
Diario de 11 horas
He intentado hacer varias reflexiones sobre lo que siento. Personalmente, encuentro ser una persona sumamente sentida como un posible problema para entenderme y hacerme entender, conmigo y el resto del mundo. Lo es así porque carezco de ese pistoletazo que llega al coco y dice "quieto parado", de manera que pueda tranquilizarme y pensar las cosas detenidamente, con sus consecuencias y el sosiego que se merece. Yo no tengo de eso, yo solo siento las cosas y lo hago muy intensamente, tanto que no sé cómo pararlas. Ahí lanzo una duda: ¿Por qué pararlas si es lo que siento? ¿Si soy así que puedo hacer? Más que preguntarlo de esta forma, habría que atender a los impulsos (y no razones) que me hacen darle vueltas al coco. La respuesta se llama "mazazo de empatía por el culo", de manera que por culpa de un enfado, una reacción visceral de mi mismo y para mi mismo, acaba resultando como un problema para los demás que me duele tanto o más que seguramente a la persona que he podido envolver un mal rato. Y es inevitable (debería tatuármelo en la frente) hacer daño, pero mi cuerpo entero sigue echando gasolina y se calienta más de una sed inagotable de arrepentimiento. De verdad no puedo entender porque tengo tanto miedo a hacerle daño a los demás, aunque se me ocurre que seguramente sea por la combinación de malas experiencias en la vida. En concreto dos: no saber controlar esa masa que soy yo, con sus garras y dientes, y que mucha gente que he querido se ha ido, me ha abandonado o lo que fuera que ocurriese para que ya no estén. Porque no soy solo un monstruo, sé que tengo un gran corazón y paro de lanzarme rosas para referirme a que esa intensidad se debe a que mi órgano fluye la sangre y las emociones de mi cuerpo a unos niveles que muchos otros no podrían. Qué le voy a hacer, soy un pelín animal de más. Y en el otro lado me acuerdo mucho de esas personas que tanto me aportaron: bien, mal y, en definitiva, lo que ellos eran para serlo en mi.
La cosa se pone interesante: creo que mi brutal empatía se debe a mi propia facultad natural de captar la esencia de las emociones (la objetiva y no la que yo quiero), de sentirlas y aprender a apreciarlas por lo que son y a utilizarlas como parte del rompecabezas que soy (nunca mejor dicho).
Y he ahí, lo que yo llamo, mi amor, mi agonia, mi problema: soy un humano sentimental, uno de los que más respecto a lo que he podido conocer hasta ahora. Mi odio y mi amor rebalsan los vasos, se derraman y no caben en mí. En parte porque me siento un contenedor vacío que puede llenarse de vivencias y sensaciones, en parte porque lo poco que sabe pronunciar bien mi querido amigo cerebro son los conceptos de sentir y el equilibrio en las cosas. Pero joder, ¡si soy ese contenedor! tengo un cuerpo pequeño y un gran interior que rellenar, pero también materia y además muy viva. Seré un coño para puteros (me he llegado a sentir así infinitamente) pero tengo mi dignidad.
He de decir "Lo acepto, soy un ser visceral. Alguien que solo acepta en la vida que el sentido de la propia misma es sentir. No tengo en mis propiedades vivir para sobrevivir (solo el miedo de mis pensamientos), a mi con todo o nada. Por suerte tengo un cerebro, que quizá de poco me sirva, quizá no me ayude a salvarme de nada pero joder, puede ayudarme de alguna manera".
De momento, solo se me ha ocurrido que del esperpento que surja de la fusión de masa gris con fibras de fuego nazca un demonio. Y ES ESTE MI MAL, ESTE SOY YO. Solo necesito aprender, ayudarme de mi pobre raciocinio a tallar por dentro que palabras son permitidas dentro de este ánfora que oculta en su interior este remolino bello de pura vida, emoción carnal. Me encuentro a mi mismo en el reflejo del fondo y no puedo evitar zambullirme en la perdición que retuerce mi cara. Así surgen los seres invencibles.
(I)
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