Cuando estoy, a veces, me encantaría desaparecer. Cuando desaparezco, siempre, me gustaría aparecer. No puedo estar solo, no quiero estar solo. Lo intento y lo dejo de intentar. Nunca, nunca digas nunca.
Se lleva en la sangre. Necesito verlo.
domingo, 12 de mayo de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
Diario de 11 horas
He intentado hacer varias reflexiones sobre lo que siento. Personalmente, encuentro ser una persona sumamente sentida como un posible problema para entenderme y hacerme entender, conmigo y el resto del mundo. Lo es así porque carezco de ese pistoletazo que llega al coco y dice "quieto parado", de manera que pueda tranquilizarme y pensar las cosas detenidamente, con sus consecuencias y el sosiego que se merece. Yo no tengo de eso, yo solo siento las cosas y lo hago muy intensamente, tanto que no sé cómo pararlas. Ahí lanzo una duda: ¿Por qué pararlas si es lo que siento? ¿Si soy así que puedo hacer? Más que preguntarlo de esta forma, habría que atender a los impulsos (y no razones) que me hacen darle vueltas al coco. La respuesta se llama "mazazo de empatía por el culo", de manera que por culpa de un enfado, una reacción visceral de mi mismo y para mi mismo, acaba resultando como un problema para los demás que me duele tanto o más que seguramente a la persona que he podido envolver un mal rato. Y es inevitable (debería tatuármelo en la frente) hacer daño, pero mi cuerpo entero sigue echando gasolina y se calienta más de una sed inagotable de arrepentimiento. De verdad no puedo entender porque tengo tanto miedo a hacerle daño a los demás, aunque se me ocurre que seguramente sea por la combinación de malas experiencias en la vida. En concreto dos: no saber controlar esa masa que soy yo, con sus garras y dientes, y que mucha gente que he querido se ha ido, me ha abandonado o lo que fuera que ocurriese para que ya no estén. Porque no soy solo un monstruo, sé que tengo un gran corazón y paro de lanzarme rosas para referirme a que esa intensidad se debe a que mi órgano fluye la sangre y las emociones de mi cuerpo a unos niveles que muchos otros no podrían. Qué le voy a hacer, soy un pelín animal de más. Y en el otro lado me acuerdo mucho de esas personas que tanto me aportaron: bien, mal y, en definitiva, lo que ellos eran para serlo en mi.
La cosa se pone interesante: creo que mi brutal empatía se debe a mi propia facultad natural de captar la esencia de las emociones (la objetiva y no la que yo quiero), de sentirlas y aprender a apreciarlas por lo que son y a utilizarlas como parte del rompecabezas que soy (nunca mejor dicho).
Y he ahí, lo que yo llamo, mi amor, mi agonia, mi problema: soy un humano sentimental, uno de los que más respecto a lo que he podido conocer hasta ahora. Mi odio y mi amor rebalsan los vasos, se derraman y no caben en mí. En parte porque me siento un contenedor vacío que puede llenarse de vivencias y sensaciones, en parte porque lo poco que sabe pronunciar bien mi querido amigo cerebro son los conceptos de sentir y el equilibrio en las cosas. Pero joder, ¡si soy ese contenedor! tengo un cuerpo pequeño y un gran interior que rellenar, pero también materia y además muy viva. Seré un coño para puteros (me he llegado a sentir así infinitamente) pero tengo mi dignidad.
He de decir "Lo acepto, soy un ser visceral. Alguien que solo acepta en la vida que el sentido de la propia misma es sentir. No tengo en mis propiedades vivir para sobrevivir (solo el miedo de mis pensamientos), a mi con todo o nada. Por suerte tengo un cerebro, que quizá de poco me sirva, quizá no me ayude a salvarme de nada pero joder, puede ayudarme de alguna manera".
De momento, solo se me ha ocurrido que del esperpento que surja de la fusión de masa gris con fibras de fuego nazca un demonio. Y ES ESTE MI MAL, ESTE SOY YO. Solo necesito aprender, ayudarme de mi pobre raciocinio a tallar por dentro que palabras son permitidas dentro de este ánfora que oculta en su interior este remolino bello de pura vida, emoción carnal. Me encuentro a mi mismo en el reflejo del fondo y no puedo evitar zambullirme en la perdición que retuerce mi cara. Así surgen los seres invencibles.
(I)
viernes, 19 de abril de 2013
El sueño de los oradores necesita ser soñado. el día que despierten...
Suenan silbidos lejanos, corren prestos sueños en busca de un hogar y ser amados. Algún día las olas dejarán de romper en las rocas y el Sol no se pondrá nunca más. Para entonces estaré esperando allí, en lo alto, observando desde las cumbres con aquellos de los que me prometí rodear. La vida fue una invención de un cuento de seres fabulosos, un cuento de la búsqueda del amor de un personaje por si mismo que solo pudo acabar de dos maneras: desterrado o en el acantilado. Y creo ser optimista por creer que el naranja y el azul, el saludo del alba que manda recuerdos lejanos de otros que ya contaron lo suyo, gritan como niños para que no nos olvidemos de aquellos que besamos y abrazamos. Durante ese tiempo, cuando el retoño sea fuerte y sonría a la puesta será su momento, y por fin el polen se alzará en vuelo en un viaje sin fin en búsqueda de... lo ya dicho, amar. Han llegado cartas del Rey y promete sonreír a su hijo, abrazos de papel y fuego que nada tienen que contar porque nada puede oír ya. Pero promete que si abres tus alas y no dejas nada aquí que te cargue: tu vida, tu muerte, los recuerdos, tus amigos, tus amores, tu sed de calmar la agonía... todo lo que has sentido, lo que has querido y lo has perdido o dejado marchar, en su próxima fantasía serás recibido con los brazos abiertos. Las musas nunca han dejado de bailar, de cantar, de colorear, de brillar... En fin, solo tú sabes lo que has vivido y espero que así sea... que te vaya todo muy bien y que sigas haciendo huella y trazando surcos en el aire, mi alma.
viernes, 12 de abril de 2013
Siento las manos de miles trepando por mi garganta, sacudiendo hasta el ultimo tramo de mis entrañas. Nace una flor en mi inesperada, brota del bruno rezumo horas de vida irisada que como una bestia devasta el fuego y las ahoga en llamas. Si supiera hablar como mis ancestros, habría tiempo -es lo que busco- para extinguir este incendio que construyen en mitad de mi edén hordas de esqueletos y levantan humaredas hacia el cielo. "¡Clama infierno!" castañean filas de oscuro tuétano. No soy mas que piel, carne y hueso, una marioneta que desde su nuca puede ver a una persona extraña, desconocida para sí misma y reclama que no hay en la Tierra para él consuelo más que el de una vida calma y cálida. "¡Una vida de mentiras!", se levanta un espectro envuelto en túnicas de sangre y negro. "El tiempo soy, recolector de tus lamentos y dispongo en ti cura de esos mudos pensamientos. Guardo la panacea humana en el interior de mi pecho. ¡Tómala si te atreves, usa mi guadaña y sega esos amargos sentimientos! ¡figura de barro, tiesto que hospeda al infinito jardín en un ridículo recoveco, he te ahí sin miedo!". Mi cuerpo alzo sus manos y entre filas de costillas se zambullía en la luz que deshacía mis dedos. Aquella imagen macabra reconfortaba mi alma, en mi cabeza crecía la flora y mis piernas eran gruesas raíces que en el piso arraigaban. Crecían por doquier pequeños ramos de cerezos, hojas de todos los colores a una con el concierto del vendaval que allí soplaba, un concierto de foresta, un deshumanizado cimiento. Me dispuse a crecer pimpollos de almendro, bellas plantas que en primavera se nievan por el suelo et voilà, enormes parasoles rosados habían cubierto mis brazos nuevos, abejas, mariposas y otros insectos encontraron vida donde una vez no hubo más que desierto. La fuerza de la vida extasiaba, todopoderoso me nombraba de infinitos momentos, clavo ardiente del averno, Sol y no luciérnaga, abrazé titánicamente el terreno y como si de un abrazo de un niño a su madre se tratara, amor eterno por la vida y verdadero, estrujaba con fuerza y muerte a la arcilla que en mis pies se soterraba, hasta que no pudo más y zas, mi tronco caía lentamente delante de una casa incendiada a la que poco le importaba. No hay mucho más que contar, explosiones y destellos, no guardaba más que inútiles recuerdos que regurgitaban mi desprecio, y en mi último aliento, el oscuro y umbrío viento, la parca escribió con punta afilada en mis vertebras: "La muerte guarda aquí un desdichado compañero que entre atisbos de ensueño se perdió en la infame imaginación de los seres etéreos. No queda nada para él pues no repartió nada bueno, felicidad buscaba y otorgaba siniestro flagelo a aquellos que hacían sonar el reloj, merecido sea pues el suyo quieto. Vivir la vida no es cuestión de dolor, no es respuesta y nadie puede saberlo. Mártir de la búsqueda, infame cobarde del placebo, reside aquí para siempre con tu hogar de escombro, cenizas y tu cadáver de veneno."
miércoles, 13 de marzo de 2013
El etéreo y sus océanos de jardines, su murmullo de planeta blanco y dorado, la ausencia de materia y la sensación de quietud. Escuchar requiere conocer el nombre de la naturaleza, Fi le llaman y tiene forma de caracola. Hasta respirarlo puedes y sabrás que no es viejo porque nunca ha muerto, pero ya dejó de vivir puesto que la vida y muerte son ello. Silencio respira su ser y flota en el aire la intensidad de su resplandor umbrío: nada. Lo más similar que encontrarás fuera de este santuario que te lo recuerde será el eco de la soledad en el bosque y una danza de sombras a la luz de una fogata. Nacer en esencia y dejar de serlo, cuentan las leyendas de los humanos.
Mi tiempo es eterno en todos los sentidos y mi camino se pierde infinitamente en todas partes.
Mi tiempo es eterno en todos los sentidos y mi camino se pierde infinitamente en todas partes.
lunes, 4 de marzo de 2013
Invencible
El martes no había café hecho
y el viernes colgué la colada en el tendal.
Ese día lo pasé entero en la calle
todo por un "hola, ¿qué tal?"
Nadando hacia alguna parte
a cuestas con mi tridente.
Las mareas negras del norte
saben a páramo ardiente.
Una persona, un gesto,
un susurro inapreciable,
silenció a toda la gente
tragándose las ciudades,
los polos, los mares,
los bosques y los montes,
los huesos, las carnes y las pieles,
a los seres invencibles.
¿Cuántos segundos hacen falta para rellenar el reloj?
He contado más de sesenta,
sesenta y uno, sesenta y dos...
juraría que ciento cincuenta.
Y ahora uno más.
Porque acaba de explotar un coche en el portal
y en la cuerda flamea tu camiseta como la bandera avernal,
mientras llueven trocitos de papel blancos y rojos,
cabellos celestes y mofletes meteoros.
Necesito café para poderme levantar,
de no ser así este fuego jamas se extinguirá
y así de ceniciento el edificio ocurrirá.
Caerá él conmigo, no lo entiendas mal.
De repente truena el silencio, es tu mirada desde el cielo.
No se oyen explosiones de motores ni crujirse los cimientos.
Resurgen de sus tumbas millones de recuerdos,
sonrisas y lágrimas, océano de peces muertos.
Glub glub, tranquilo:
el agua está subiendo.
Glub glub, duerme:
el candelabro se está ahogando.
Tic tac, llora:
yacen todos flotando.
Tic tac, ven:
Desaparece entre mis manos.
Invencible, me mirabas;
invencible, me escuchabas;
invencible, me besabas;
invencible... ya no estás.
Las olas y el eterno viene y va.
y el viernes colgué la colada en el tendal.
Ese día lo pasé entero en la calle
todo por un "hola, ¿qué tal?"
Nadando hacia alguna parte
a cuestas con mi tridente.
Las mareas negras del norte
saben a páramo ardiente.
Una persona, un gesto,
un susurro inapreciable,
silenció a toda la gente
tragándose las ciudades,
los polos, los mares,
los bosques y los montes,
los huesos, las carnes y las pieles,
a los seres invencibles.
¿Cuántos segundos hacen falta para rellenar el reloj?
He contado más de sesenta,
sesenta y uno, sesenta y dos...
juraría que ciento cincuenta.
Y ahora uno más.
Porque acaba de explotar un coche en el portal
y en la cuerda flamea tu camiseta como la bandera avernal,
mientras llueven trocitos de papel blancos y rojos,
cabellos celestes y mofletes meteoros.
Necesito café para poderme levantar,
de no ser así este fuego jamas se extinguirá
y así de ceniciento el edificio ocurrirá.
Caerá él conmigo, no lo entiendas mal.
De repente truena el silencio, es tu mirada desde el cielo.
No se oyen explosiones de motores ni crujirse los cimientos.
Resurgen de sus tumbas millones de recuerdos,
sonrisas y lágrimas, océano de peces muertos.
Glub glub, tranquilo:
el agua está subiendo.
Glub glub, duerme:
el candelabro se está ahogando.
Tic tac, llora:
yacen todos flotando.
Tic tac, ven:
Desaparece entre mis manos.
Invencible, me mirabas;
invencible, me escuchabas;
invencible, me besabas;
invencible... ya no estás.
Las olas y el eterno viene y va.
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