Hizo mi cabeza contra el suelo al reventar.
Sonaron mis manos apoyándose en las escaleras.
Rebotaron los trozos de carne contra la pared.
Salpicaron gotas de sangre pintando el cristal.
Escupió tu corazón al estallar.
Cayeron lágrimas desde el cielo hacia el mar.
Impactó la verdad como un meteorito en la tierra.
Gritaron los segundos apuñalando el reloj.
Desapareció tu cordura al verme volar.
Morí cada día llamando a tu puerta.
Se doblaron mis rodillas en el fondo abismal.
Retumbó un cajón que se cerraba en el cuarto sideral.
Serán mis huesos bailando en el ataúd
y será el vacío en mi pecho que añore la luz.
Es la canción universal,
nuestros pies al caminar.
El himno de nuestro funeral,
la no vida de la gente inmortal.
martes, 20 de noviembre de 2012
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