domingo, 25 de noviembre de 2012

Presencia encantadora

El estar: tomarme por las rodillas, los pies y el cuello. Terror en estado puro. Cualquiera puede convertirse en fantasma, pero nadie cómo tú. Remaneces en la conciencia, y para ello solo han bastado piel, pelo y voz. Solo existes en mi cabeza, pero te dedicas a tirarlo todo por las noches, te dedicas a respirar por mí cuando hace frío en la cama, oprimiéndome el pecho para que me duela. Solo deseo que te calles y que dejes de existir, no eres más bonita que una puta de un callejón de Florencia, un día de lluvia en verano, agua sucia que huele a ozono. Y duele. Eres esencialmente temporal, prescindible, particular, eres una presencia efímera. Y ensucias. Eres bella en intensidad, fascinante al andar y en la forma de hablar. Cuando gesticulas destrozas, cuando resuenas destrozas, cuando reclamas destrozas. Todo culpa de tu encantadora presencia encantadora. Y sigues ahí. Tu amor sin límite ni fin reclama otro cuerpo, yo ando. Que aproveche.

Y lo peor de todo es que aunque quisiera, no podría estar solo.

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