La verdad se oculta en las sombras, la gracia acompaña a quienes se aferran a la luz. Dentro de nosotros existe la posibilidad de elegir qué camino tomar. No obstante, cabe pensar que en nuestra elección suenen varias voces dentro de nuestra cabeza, quizá con un tono de voz tan similar entre ellas que no hayamos percatado esa minúscula e importantísima revelación. Esta es, en efecto, la misma duda existencial. ¿De dónde procede? ¿por qué se parecen y confunden tanto estos murmurios los unos con los otros? Se me ocurre plantear que sean la resta, el residuo, lo que sobra y ocupa un espacio en nuestro interior cuando hemos interactuado con algo del interior o, como lo llaman muchos, la realidad. Nuestra imperfección, no ser seres completos ni definidos impide alcanzar una deducción tan sencilla como la percepción de esta huella, sino que además no distinguirían su cuerpo ni su concepto individual, puesto que en el interior cerrado no existe un atisbo de luz que brille por si mismo de forma innata. Vuelvo a lo anterior y hablo de esas voces, de su procedencia y de quienes se atreven a lanzar planteamientos que no hemos decidido comenzar. Si cupiese la posibilidad de que en ese cubículo de sombras que identificamos dentro de cada uno de nosotros existiese lo mismo, ¿podría ser que el eco que resuena y vibra por todo nuestro cuerpo en estos instantes de los que hablo tuviese la misma procedencia, es decir, esas palabras las dijera la misma persona? No hablo ni mucho menos de Dios, hablo de una entidad consciente y autónoma, un ser vago y natural sin trascendencia alguna que reside en la vida misma, que es esta misma y que utiliza nuestra cuerdas vocales mentales de manera que sus sabias palabras cobren sentido de forma verosímil para que podamos aceptar su consejo, para que no duela tanto tragar la verdad sombría y desagradable, para aportar lucidez e iluminar las formas, las ideas innatas, lo inteligible que toma un sendero que podamos pronunciar y asimilar de manera que pueda caber en nuestras limitadas mentes. Estas ideas puras, irreales pero no siempre factibles ¿tienen la misma forma dentro de todos? Es un hecho que pueda ver pero otra persona pueda tener unos ojos claros, distintos a los míos de color oscuro. ¿Quizá, pudiera ser, que estas ideas despiertan de forma aleatoria o no según donde se proyecta la luz dentro de nosotros, que abren sus ojos y observan lo que les ha otorgado su iluminación? ¿Somos estas ideas, y por tanto, somos reales? ¿Quizá por esto el límite de la conciencia humana siempre se ha encerrado en espectar lo que le ha dado vida y en admirar la majestuosidad y belleza de a quien llamamos madre o padre?
Dentro de mí reside una luz que ha iluminado tan fuerte que las sombras han escapado al exterior. El mundo es un caos, es una lucha, y mi arma es mi corazón sin forma, mi ser y mi peor enemigo que ha ahuyentado lo que yo quería guardar.
Más vale pájaro en mano... más vale que la luz provenga de fuera que de dentro.
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