Caleidoscópicos zafiros, y sonrío si sonríes tu cuarto creciente, mi gata. Naciste del ensueño de las quimeras de tu cama, y entre sábanas encadené mi destino a tus azures ventanas, que esconden el deseo del sexo empapado de amor verdadero, que buscan te quieros en las noches de plata. Dibujar infinitas hipérbolas en tus suaves caderas y abrazarte bajo la Luna llena de julio y agosto de madrugada, de nuevo en tu oscuro rostro, hasta que el Sol naciente reflejado en tu frente asome su cara. Pero como toda gata, que muerde y araña, en tus entrañas se esconde un animal que mata, que rompe y desgarra, y que es capaz de hacerme estallar el corazón de una sola mirada. Déjame ser la manta que te tape esta noche, mi gata. Prometo darte calor en el horizonte de mañana.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario